@CATEGORÍA A: Segundo premio de prosa: “Aquella playa”, de Itziar Aldecoa Tamayo, 1º C de ESO.

Once de julio, del dos mil siete.


Acudí a nuestro lugar donde jugábamos cuando éramos pequeños, donde me dijiste que debía ir. Mis chanclas se enterraban en la blanca arena y me impedían caminar. Me las quité, y las dejé al lado de las tuyas. El viejo columpio se movía lentamente Tú estabas sentado en la orilla, encogido, mirando al mar. Te volviste, y me miraste a los ojos. Te acercaste lentamente a mí, me sonreíste, y miraste durante unos segundos al horizonte. Luego, me cogiste las manos y me dijiste: “eres lo más bonito que he visto nunca, lo más perfecto, lo más hermoso, lo más importante de mi vida, lo eres TODO. Y yo sin ti, nada. Cuando me sonríes... un nudo en la tripa, mi corazón quiere escapar y huir con su dueña. Soy todo tuyo. Te quiero”.

En ese momento pensé en todas las cosas que había querido decirte, en todos los momentos que habría dado todo por besarte, en todas las cartas que había escrito para ti que nunca mandé. Pensé en todas las veces que me había desilusionado, pues pensaba que era imposible, de que eras demasiado para mí.

Te besé. Mi corazón empezó a latir muy rápido. La playa desapareció. Sólo estábamos tú y yo. Solos, por fin. Llevaba soñando con ese momento tantos años... Por fin había llegado, todo era tan irreal...
¿Te acuerdas de cuando hicimos un año? Me pediste otra vez que fuera a aquella playa. La luna brillaba en el agua del mar, y las estrellas lucían sus mejores trajes. Habías puesto tulipanes morados, mis flores favoritas, por todos lados, y habías encendido unas pequeñas velas. Nos compramos una esclava de plata muy fina con nuestros nombres sellados. Nos bañamos en la playa a las once y media de la noche, cuando el agua era una inmensa mancha gris entre la luz de las velas. No me soltaste la mano en ningún momento. Y la pasión y la dulzura flotaban en la atmósfera. Cenamos en nuestro viejo columpio, y los recuerdos de la infancia invadían nuestras conversaciones.
Mi vida acabó a los dos meses y tres días. De alguna manera, me dijiste un adiós. Yo no podía ver nada, no podía oír nada. Incluso no sabía por qué me dejabas sola en un mundo tan grande. No te veía, tenías una capa de agua encima, te veía borroso, y no sabía por qué. Quería despertar de aquella pesadilla horrible y volver a estar abrazándote. Cuando volví a aquella playa, donde estabas tú diciéndome algo, solo oí un: “te quiero, de verdad, pero esto debe acabar”. Creo que estabas poniendo fin a nuestra historia, a la que un día pusiste el nombre de siempre. Me fui corriendo.
Al día siguiente, viniste a mi casa, y me contaste que ya no sentías lo de antes, que habías encontrado a una persona muy especial. Te pedí que te fueras.

Estaba sola. Sola con tus fotos, con tu recuerdo, tu canción, con tus flores,... Mi barco se había hundido en mi propia mar. Me encerré en mi habitación, en mi escondite. Los días pasaron, y yo seguía escondida de la realidad. Me aferraba a pensar que te había perdido tan solo hace un momento.
Desde entonces mis sonrisas ya no son las de antes. Desde entonces no oigo a mi corazón latir, no oigo a nadie. Estoy sola, tengo a gente alrededor, pero no me ven. No me sienten.

¿Cómo podré ser feliz… si ya no tendré tu sonrisa? ¿Cómo vivir sin ver tus ojos? ¿Cómo ser yo misma? Intento mostrar una sonrisa, pero sé que ya no podré volver a formular una. Sin ti, para mí es algo totalmente imposible. Ahora aparento ser feliz, pero por dentro estoy hundida en un mar de lágrimas. Sonrío, y cuando veo que me miras, intento parecer feliz, que no me has hecho daño y que yo sigo tan alegre como siempre. Pero cuando veo esos ojos, floto por dentro; ¡te echo tanto de menos! No es fácil olvidar esos maravillosos momentos que pasé a tu lado. Parece fácil. Métete en mi papel, y cierra los ojos. Intento pensar en otra cosa, pero sólo veo tu sonrisa que me deslumbra, tus fuertes carcajadas que son cascadas en el infierno y tus ojos azules, que si te descuidas un instante, caes hipnotizada. Te veo a ti frente a mí en aquel columpio, diciéndome tantos “te quiero” que perdí la cuenta, con el pelo revuelto a causa del viento, mientras me comías con la mirada, y mientras hacías hoyos en la arena, hundiendo tus desnudos pies...

Tú, y yo. Sentados en aquel columpio viejo chirriante, frente al horizonte.

Aquella playa, aquel columpio en los que tan buenos ratos pasé. Debo admitir que esos días han sido los más bonitos de mi vida. Pero nunca negaré que me has hecho sufrir y que por tu culpa mi corazón ya no creo que vuelva a latir. Él está ahí, sí…, pero lo único que hace es que, al recordar nuestra canción, finas gotas de cristal resbalen hasta la almohada durante las noches.

La verdad es que no sé si podré volver a amar. Me hiciste tanto daño.... ¿Por qué? Yo te di todo y más. Y aunque no supe quererte de la forma que te mereces, siempre lo hice de la mejor forma que supe.

Esas palabras que me dijiste antes del último beso, antes de que mis ojos no pudieran contener las lágrimas… se me han quedado grabadas en la mente. Al igual que el puñal clavado en el corazón. ¡Ojalá que me cures la herida, y que todo vuelva a ser corno antes! Aquel columpio aquella playa… Nunca te olvidaré. Te quiero.