Premios    del    Concurso   Literario

   “Jorge   Jordana” 2006

CATEGORÍA A

Prosa

Primer premio- Fátima Oviedo Sandoval, 2º ESO D. (Título: “Libertad, escape y tiempo”)

Segundo premio - Santiago Cerezo, 2º ESO A. (Título: “Volver a vivir”)

Poesía

Primer premio-   Fátima Oviedo Sandoval, 2º ESO D. (Título: “Aquel niño”)

Segundo premio- Claudia de Santiago, 1ºC. (Título: “La inspiración y la primavera”)

CATEGORÍA B

Prosa

Primer premio- Jéssica Moreno Ventas, 3º ESO E. (Título: “La carta”)

Segundo premio- Sherezade Medina, 3º ESO E. (Título: “La santa compaña”)

Poesía

Primer premio- Julia Salvador, 3º ESO C. (Título: “Lluvia en mi corazón”)

Segundo premio- “Ex aequo”

  - Enmanuel Oviedo, 4º D , Título: “Simplemente moriría”

  -Macarena Sánchez, 3ºC    Título: “Elegía”

 

CATEGORÍA C

Prosa

Primer premio- Desierto

Segundo premio- Laura de Paz, 2º BT. B (Título: “Para ti”)

Poesía

Primer premio- Desierto

Segundo premio-“Ex aequo”

  - Miguel Cirujano, 2º BT. C. Título: “La voz de un poeta

  - Alba García Alderete, 2ºC.   Título: “Una lágrima que baja por la cara

 

 

 

 

 

Cuadro de texto:  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo Premio de Poesía “ex aequo”, Cat. C: Miguel Cirujano Arroyo (2º C Bach.)

 

LA VOZ DE UN POETA 

La voz de un poeta

se  esconde entre sombras

que tapan los miedos,

voces calladas del alma,

que lloran en tinta y en pluma.

 

La voz de un poeta

se sirve de cuentos

que narran historias,

que cuentan los días

que no está contento.

 

La voz de un poeta

se quiebra en la noche.

Y resurge mañana

gritando escondido,

que el miedo que tuvo,

aún puede consigo.

 

La voz de un poeta

no es rica ni bella,

es ronca y dolida,

de gritos al cielo,

que en vano han volado,

por miedo a morir

en un vaso olvidado.

 

La voz de un poeta,

susurra en el mar,

pues él es su meta,

que sus dos ojos quietos,

aún tuercen el alma,

de un loco dormido,

soñando en la noche,

decir en el día,

que es por ella por quien escribía.

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO DE POESÍA “ex aequo”, CAT. C: Alba García Alderete

 

UNA LÁGRIMA QUE BAJA POR LA CARA

 

Una lágrima que baja por la cara,

Brillante. Y el susurro que guarda

un saxofón en su garganta.

Envuelta en el olor de un paisaje tropical,

lejano. Cristales rotos y sangre en los pies.

 

En esta cárcel de luz y cansancio

sólo  me acuerdo de las manos cuando vuelan

en el pasado escondido de los otros,

de la oruga que taladra tus palabras muy despacio

(agujeros de sonido que sólo yo recojo del suelo).

Me acuerdo de noches rotas por la mitad y de sus migas

Esparcidas por mi piel. 

Los labios ya no son cerezas (aunque a veces saben dulces),

los besos se escapan, lo único que quieren es volar... 

Si lo que intentas es irte, la puerta está al otro lado.

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

Primer Premio de Poesía Categoría B: Julia Salvador

 

Lluvia en mi corazón

 

Vuelo alto entre tus dedos,

vivo sola en tu sonrisa,

sueño despierta en tu mirada

y me detengo a observar tus ojos, siempre negros.

 

Te miro, me miras.

Nos miramos.

Estamos a un palmo de distancia

y, sin embargo, tan lejos...

 

Quiero decirte algo que no suene estúpido,

pero sólo callo,

y trago las mil palabras

que con el silencio mato.

 

Escapan de mis labios

suspiros de algodón,

 nacen en mi pecho

y mueren en mi razón.

 

Ya no siento el dolor.

Me sumergí en la amargura,

sin saberlo, me robaste la cordura

y también el corazón.

 

Todo en cuanto creí se fracturó,

ahora  sólo queda el recuerdo.

Y aunque el tiempo ya se enrede entre tu pelo,

sé que si cierro mis ojos, te veo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO DE POESÍA,  “Ex aequo”: Enmanuel Oviedo

 

SIMPLEMENTE MORIRÍA

 

Podría robarte un  beso.

Podría pararme en medio de la calle

y gritar que te quiero.

Podría fingir que te odio,

podría ser tu peor enemigo,

podría ser tu sombra y no dejarte respirar.

 

Podría ser tu amigo,

tu luz en el camino.

podría ser infaltable,

podría ser tu hermano,

tu novio o tu amante.

 

Podría manejarte y dejar que me manejes,

podría ser tu aire y tu asfixia,

podría ser tu cielo y tu infierno.

 

Como te habrás dado cuenta,

podría ser cualquier cosa en tu vida,

pero no podría dejar de estar en ella,

porque simplemente moriría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER PREMIO DE POESÍA,  Fátima Oviedo Sandoval

 Aquel niño

Vaga por la noche un niño moreno,

bañados de luna sus largos cabellos,

llenas sus manos de recuerdos idos

y astillas de caminos recorridos.

 

Vaga por las noches un niño moreno,

salpicado de rocío su rostro pequeño,

llenas sus manos de soles de enero,

con espejismos de dicha perdida

y hambre de cariño tibio.

 

Vaga por las noches un niño moreno,

iluminado por luciérnagas sus ojos negros,

llenas sus manos de lluvia fresca,

con remansos de esperanza blanca

y herida su alma inquieta.

 

Vaga por las noches un niño moreno,

endulzado de madrugadas de corazón tierno,

llenas sus manos de atardeceres rojizos,

con arroyos que llevan su canto,

y rota su niñez en pedazos.

 

Vaga por las noches un niño moreno,

Solitario, con rumbo incierto.

¿Le conoces? ...Es mi niño.

...¡El más pequeño!

El niño que llevo dentro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO DE POESÍA,  Claudia de Santiago (1º C)

 

LA INSPIRACIÓN Y LA PRIMAVERA

 

LA INSPIRACIÓN 

Pienso y pienso, sin hallar

ni una historia, hay que empezar.

No has venido. ¿Dónde estás?

Sin ti no puedo crear.

 

Tú me faltas, sola estoy

sin una rima. ¿Dónde voy?

Cuando pienses regresar

boli  y folio aquí estarán.

 

Ya has llegado, ¡menos mal!;

sola estaba, nada más;

yo delante de un papel

aburrida te esperé.

 

Ahora surgen las ideas,

las palabras, la emoción,

todo fluye y se derrama,

pues llegó la inspiración.

 

LA PRIMAVERA

 Me gusta la primavera

porque a todo el mundo alegra;

la naturaleza adorna,

y del sueño la despierta.

 

Los árboles y las flores

llenan de dulces fragancias

las terrazas, los balcones,

los rincones y las plazas.

 

Como perlas en el campo

del rocío matinal,

moja y refresca los campos

para el nuevo día empezar.

 

Ya ha llegado, ya está aquí

con su manto de hermosura

para hacernos compartir

el amor y la ternura.

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO PROSA,  Laura Paz (2º Bach B)

 

  Para ti 

    Estaba lloviendo. Las gotas caían furiosas sobre el asfalto ya mojado.  Había salido de mi casa sin coger ningún paraguas, en realidad todavía estaba en pijama, pero la inquietud que empezaba a dominarme podía más que la vergüenza por salir a la calle con tal vestimenta.  Daniel todavía no había llegado, eran las cuatro de la mañana y me había vuelto a desobedecer.  La verdad es que desde que te fuiste, nuestra relación había empeorado muchísimo.  Salí al portal.  Al fondo de la calle parpadeaban muchas luces brillantes que, a n-ú pesar, eran ambulancias.  En ese momento me temí lo peor.

   Camino por unos pasillos blancos, ¡impecables, fríos. Entro en una habitación donde encuentro a nuestro hijo tumbado sobre una cama. Le miro. Me recuerda a ti cuando yo era joven, tan altanero, inocente.., invencible.  Me devuelve la mirada con unos ojos que carecen ya de sentimiento y pienso que esos ojos ya no son los suyos.  Me da un ataque de nostalgia y empiezo a recordar, a recordarle esas tardes de verano en las que íbamos a jugar a la playa, esas tardes en las que la felicidad todavía existía para nosotros.  Cuando me doy cuenta ha pasado una hora y no he parado de hablar en todo el tiempo, pero él no contesta, sigue con su mirada ausente.  Alguien se nos acerca por detrás interrumpiendo nuestro momento y murmura que tengo que salir de la habitación, que mi tiempo de visita ha terminado.  Me pongo hecho una furia pero aun así salgo de la sala.

 

Y empiezo a recordarte, tus ojos, tu cabello oscuro.  Si estuvieras aquí todo saldría bien.  He de confesarte que no cumplí la promesa que te hice, habla con él me dijiste, intenta comprenderle siempre, pero no lo he sabido hacer. ¿Cómo entender a un chico de dieciséis años?  Necesitaba tu ayuda, aún la necesito...

 

Estoy en un parque, es como si yo ya no fuera yo, mi alma me ha abandonado.  Me quedo observando como se va mi hijo, como se lo va tragando la tierra.  Empiezo a llorar pero una idea surge en mí cabeza y sonrío porque todavía queda una esperanza.  La esperanza de volver a encontramos, por eso te escribo mi amor, para que nos esperes a tu hijo y a mí, allí donde vaguen las almas para siempre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER PREMIO DE PROSA,  Jéssica Moreno Ventas (3º E ESO)

 

LA CARTA

 

    En tiempos de la Guerra Civil mi madre y yo nos trasladamos a vivir al campo.  Era una niña de 9 años, con mucho miedo.  Temor a la muerte, a los muertos, a las noticias que se iban comentando.  Todo eso hacía mella en mí e hizo que no tuviese ganas de jugar ni de comer.

    Mi padre, que tenía un comercio de tejidos, fue detenido y hecho prisionero en la cárcel por regalar una bandera a los rojos.  Eso me afectó tremendamente, me volví una persona ensimismada y silenciosa.  Sufría por él, porque era un hombre bueno y querido.  Yo no entendía nada.  Cuando nadie me veía lloraba, rezaba para que todo terminase cuanto antes.

    Mi madre procuraba que fuese una niña feliz, a pesar de todo; por eso nos trasladamos a casa de mi tía en el campo, muy cerca de la playa.

    Poco a poco empecé a recuperar mis juegos infantiles, ahora disponía de más tiempo, porque no iba a la escuela.  Conocí a Eugenia, mi vecina de la huerta de al lado y que se convirtió en mi compañera de juegos.  Era mi única amiga y juntas pasábamos mucho tiempo, buscando coquinas en la playa, cogiendo moras en el campo, caracoles, en fin, descubriendo todo un mundo que las circunstancias me presentaban.  Con ella cogí una gran confianza y se convirtió en la hermana que nunca tuve.  Consiguió que empezase a recuperarme enseñándome su pequeño universo, su vida en el campo, que hacía que me olvidase por momentos de todo lo que me preocupaba.

    Eugenia vivía con su madre y abuelos.  Tenía un hermano en el frente, Antonio, de¡ que se sentía muy orgullosa.  A menudo me hablaba de él.

    Cuando en casa de Eugenia se recibía una carta me llamaban para que se la leyese.  La abuela se secaba las manos en el delantal y se acercaba una silla.  El abuelo dejaba por un momento la dura tarea de¡ campo y corría hacia la casa ante la llamada de la madre de Eugenia.  Todos se mostraban impacientes por conocer el contenido de esa carta.  La familia me rodeaba para que, una vez sentados en torno a la mesa, yo me entregase de lleno a transmitir lo que decía.  Muchas veces leía de corrido, sin atenerme a la entonación que debía dar.  Pero me creía en ese momento como alguien trascendente, como protagonista, porque hacía algo que los demás no sabían y era leer.  Ellos entonces se sentían agradecidos hacia mí y cuando terminaba la carta, hacían que repitiese de nuevo la lectura mientras iban haciendo comentarios de lo que contaba Antonio.  Después nos mandaban de nuevo a jugar y cada uno reanudaba su faena.

    El transcurrir diario de juegos y vida sana me iba dejando su señal.  Me estaba reponiendo porque empecé a recuperar el apetito.  No nadábamos en la abundancia, pero nunca nos quedamos sin comer; se aprovechaban todos los recursos que el campo y el mar nos brindaban.

    Todas las mañanas, después de ayudar a mi madre, me sentaba bajo la parra de la casa hasta que oía una voz que me llamaba: ¡Andrea!  Era Eugenia que venía a buscarme.  Algunas veces traía un capacho para que la acompañase a coger patatas; otras, bajábamos a la playa a coger camarones en las rocas.  Y otras correteábamos sin más a través de los sembrados.

    Un día, mientras nos dedicábamos a nuestros juegos cotidianos, llegó el cartero y como siempre que lo veíamos, corrimos hacia la casa de Eugenia con la seguridad de que una nueva carta de Antonio había llegado.  Esta vez no hizo falta que demandasen mi ayuda, porque ya me encontraba allí dispuesta a cumplir con mi encargo.  Un sobre con escudo, ya abierto, me fue entregado para que leyese su contenido.  Lo tomé en mis manos e hice el gesto acostumbrado de despegar el flequillo de la frente, costumbre adquirida como especie de tic que practicaba cada vez que tenía que hacer algo preciso que necesitase de mi concentración.  Desdoblé la hoja y ante toda la familia reunida e inquieta por el afán de saber qué nos decía Antonio, leí:

 

Ministerio del Ejército:

 

    "Es honor de Dios y de la Patria comunicarle que Antonio Salcedo García ha muerto en acto de servicio"... Un profundo golpe se oyó y vi a la madre que se caía redonda presa de un colapso.  La abuela comenzó a gritar y a tirarse de los pelos.  El abuelo no decía nada. Eugenia me miraba con un semblante de rabia, cuyos ojos dejaban escapar unas lágrimas acusadoras, de reproche.Yo me quedé mirando la escena sin comprender lo que había dicho.  Mi corazón empezó a latir muy fuerte, el miedo y la oscuridad me arrancaron toda la suficiencia, empecé a entender. Nunca olvidaré esos momentos. Jamás volví a leer una carta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO DE PROSA,  Sherezade Medina (3º E de ESO)

 

LA SANTA COMPAÑA

    Juan vivía con su abuela desde que era pequeño.  Sus padres y su abuelo habían muerto a causa de la guerra, y su abuela era la única persona que él había llegado a conocer.

Vivían en un pequeño pueblo de La Coruña.  Tenían una preciosa casita a la orilla de¡ mar.  Por lo general era un sitio muy tranquilo, ya que no vivían muchas personas en los alrededores; pero lo que sí abundaba eran las leyendas.  Juan no creía en ninguna de ellas, pero le encantaba sentarse junto al fuego a escuchar los relatos de su abuela.

Un día como otro cualquiera Juan salió a jugar con sus vecinos a un juego llamado acecho, algo así como el escondite.

La noche ya se cernía sobre los árboles más altos del bosque, la oscuridad en el sendero era considerable. Él escondido tras unos arbustos disfrutaba del olor húmedo de los helechos y del barro bajo las hojas caídas, rojas y resbaladizas.

Se habían callado los pájaros diurnos, pero los nocturnos aún estaban en silencio.  Era un silencio que se oía como un amortiguado zumbido, grave y lejano.  Muy lejano...

Se llevó un par de moras a la boca.  Las últimas, porque en el instante de masticarlas dejó de ser visible la zarza.  Sólo por algunos instantes.  Era una noche clara, con la luna creciente extraordinariamente nítida y perfilada.  Pero aún estaba baja en el cielo y todavía no iluminaba el sendero, aunque sí que había en el bosque una claridad lechosa y un aire denso de despertar confuso.

    Y de repente un intenso olor a velas le envolvió la nariz, en una ráfaga de viento de¡ oeste.  Y una claridad inusual y blanquecina empezó a moverse entre los árboles a su izquierda.  Moviéndose hacia el sendero.

    Pudo observar como siete 'personas' en dos filas con uno de ellos delante, se acercaban a su casa.  Todos vestían igual, una especie de túnicas terminadas en unos capuchones, como los de Semana Santa.  El primero llevaba una gran cruz que parecía hecha con dos maderas planas.  Y los dos que le seguían, uno en cada fila, llevaban una gran vela cada uno.  Los otros cuatro no llevaban nada.    

 La fantasma¡ comitiva se movía en el más absoluto silencio.

    Juan se quedó allí, como paralizado, recordó entonces la leyenda de la Santa Compaña.  Sin pensárselo dos veces trazó el círculo de salomón con una rama en el suelo, se metió dentro y cerró los ojos, lo dominaba el pánico.

    Sintió un roce en el pelo de la coronilla y creyó volverse loco de la impresión, porque su respiración pareció detenerse unos imposibles minutos.  Perdió la noción de¡ tiempo.  Tan pronto le parecía que sólo llevaba un par de minutos tumbado bocabajo, sobre la tierra blanda, como la sensación de llevar horas y estar cada vez más aterido por el fresco punzante de la noche de otoño.  Todo, incluso sus manos extendidas ante él, estaba cubierto por una luz crepuscular que no se correspondía con la noche de luna creciente.  Empezó a sudar, pero no se atrevía a moverse, ni siquiera a oscilar levemente un dedo de la mano.  Y una gruesa gota le resbaló desde la frente por toda la mejilla hasta caer sobre la tierra oscura.

    Veía los Ojos abismales de espíritus sin nombre que jamás habían sido humanos.  Una playa desierta en la que el silencio trazaba ondas en el aire, rozando la espuma de las olas, que se quedaban quietas un instante antes de desvanecerse.

 

Entonces esas "personas" cruzaron de frente y se perdieron tras los árboles.  Luego como alma que lleva el diablo salió disparado hacia su casa, entró y vio a su abuela tumbada en la cama, gélida, con la mirada perdida; levantó la vista, junto a la puerta le observaba el doctor, la anciana había fallecido.  Se le cayó el mundo encima, su abuela, su ser más querido en este mundo, ya no estaba.

Comprendió entonces a que había ido la Santa Compaña aquella noche, a por el alma de su abuela.

En la historia que le había contado su abuela, Juan recordó que la Santa Compaña está precedida por un vivo condenado a salir todas las noches a los caminos, comandando la fúnebre peregrinación, hasta encontrarse con otro vivo a quien traspasar la condena y así quedar libre.  De no hacerlo así, en un determinado tiempo iría enfermando y palideciendo gradualmente hasta morir.  En esos momentos la vida de Juan carecía de sentido lo único que le apegaba a este mundo había muerto, por ello decidió liberar al portador de la cruz sacrificando así su vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER PREMIO DE PROSA,  

LIBERTAD, ESCAPE  Y TIEMPO

     - ¿Qué pasa? ¿Qué estás mirando, eh?

    - Nada...- contestó, sin apartar la vista de la pared.

    - Vete a la mierda, imbécil... No te pases de listo conmigo. ¿Qué pasa? ¿Qué soy de oro y por eso me miras tanto, eh? ¡Contesta! Moira, idiota, más vale que respondas y no te pases de listo conmigo porque si no lo pagarás muy caro...

    - No te estaba mirando, ¿vale? Y, en todo caso, el que se va a la mierda eres tú, yo no te he hecho nada. ¿No serás tú, que te está empezando a afectar el trullo y te estás volviendo un paranoico?

    Los que están a nuestro alrededor empiezan a gritar:

    -¡Uuuuh! –Algunos se ríen. El ambiente está tenso.

    - Vuelve a repetir lo que has dicho, si eres tan valiente. ¿Eres el valiente, verdad? ¡Repítelo, te digo...!

    - Ya lo has oído. ¿Acaso también estás sordo, además de paranoico?

    - Vale, vale, lo siento, perdona... – se da la vuelta.

    En ese momento todos los carceleros nos miran desde su sitio en el comedor. Algunos gritan, insultan, golpean las mesas con los puños y los cubiertos, comida tirada por todas partes, comida asquerosa que huele a estiércol.

    De repente, mi adversario se da la vuelta y... !!!

 

    INFINITAS HORAS MÁS TARDE...

    Abro los ojos lentamente, me duelen. ¿Dónde estoy? ¿Qué me han hecho? Soy incapaz de moverme, incapaz de mover un solo dedo, incluso mis ojos me están pidiendo a gritos que por favor no los abra. Mi cuerpo dolorido lo que me pide es salir de aquí. Salir de ese agujero que apesta a angustia y desesperación. Apesta mi encierro. Apesta a muerte...

    ¿Por qué estoy aquí? Ni siquiera yo sé cómo ha empezado todo. Lo único que sé es que odio este sitio, lo odio, lo odio. Pero el odio no me sacará de aquí, como tampoco lo harán la impotencia y como tampoco lo hará nadie. Lo único que puede librarme es el tiempo, ¡ah!, ¡el tiempo! Soy incapaz de entenderlo. Mis padres siempre me habían enseñado que si existía en mi vida alguien mezquino y desagradecido, era mejor darle la espalda y no acercarse a ese ser, no esperar nada de él pues nunca recibiría su ayuda y acabaría decepcionándome.

    Pero con el tiempo ocurría todo lo contrario: cuando creo que todo está perdido y que nada ni nadie puede salvarme, por allá viene, en forma de reloj, pero, sin embargo, es tan maldito, nunca viene cuando lo necesitas, viene cuando le da la gana, cuando le da la maldita gana. Tiempo. Tiempo estúpido y egoísta. “El tiempo a todos consuela, pues si estoy triste se para y si soy dichoso vuela”, según dijo alguien. Vamos, que entonces los años me pasarán lentos y tristes; esto es sólo el principio, sólo el principio. A lo mejor ni siquiera salgo vivo. Mientras pienso, observo lo que hay a mi alrededor y reconozco mi prisión, la que decía acompañarme durante años y años. Sólo el principio.

 

    TRES AÑOS MÁS TARDE

    - ¡Métete ahí dentro! – La voz de lo que parece ser un policía me sorprende mientras yo estoy tumbado en el viejo colchón húmedo mirando a la nada.

    Un “criminal” acaba de ser ingresado en lo que a partir de ahora sería su hogar.

    - ¡Eeeh! ¡Sacadme de aquí! ¿Me oye alguien? ¡Sacadme! ¡No he hecho nada, no he hecho nada! Por favor... – Su voz va disminuyendo el volumen poco a poco, como si se hubiera resignado y aceptara que nadie los sacara de ese lugar, nadie. El tiempo, otra vez.

    - ¡Cállate de una vez¿ ¡Intento dormir, maldita sea! – Grita una voz procedente de otro calabozo.

    - ¡Joder! – Al nuevo prisionero le tiembla la voz, como si estuviera llorando. Nadie oirá sus lamentos, o, por lo menos, nadie les hará caso, ni siquiera el tiempo.

    “Hay ladrones a los que no se castiga, pero nos roban lo más preciado: el tiempo”. Otra frase de otro alguien. ¿Dónde irá a parar todo el tiempo que llevo aquí dentro? ¿Estos tres años, quién se los queda? ¿Quién es el ladrón que me está robando el tiempo? MI TIEMPO. ¡Un momento! Las voces de los carceleros me han hecho reaccionar y despertarme. Despertar a mi alma y darme cuenta de que hay algo que sí sé, aunque parece imposible saber algo aquí dentro después de tres años. Sin tener noticia de nada. Sin televisión, sin ordenador, sin teléfono, con la dignidad por los suelos. Aquí todos te tratan como a un mierda, después de todo, ¿quién eres tú? No eres más que ellos: estás encerrado, sin dinero, sin ropa, sin intimidad, estás bajo el mismo techo wque ellos y estás acabado... Pero, a pesar de todo, sé algo, puede que mucho más valioso que lo que me enseñaron anteriormente y algo que he aprendido aquí dentro: nadie va a seguir robando mi tiempo, nadie robará mi libertad, nadie. Puede que no sea tan joven, puede que tenga un aspecto más demacrado, pero sigo teniendo orgullo y un cuerpo y una salud que defender y por los que luchar. ME ESCAPARÉ. Nadie podrá detenerme. Nada podrá impedírmelo. Ha llegado la hora de llevar a cabo este plan que tantas horas y días me ha costado. Es el momento. ME ESCAPARÉ. Mi nueva vida empieza aquí. Mi libertad también.

 

HORAS MÁS TARDE

    Soy libre. “La libertad no hace libres a los hombres, los hace, sencillamente, hombres”. Otra frase de otro alguien, creo que es de Manuel Azaña. ¿Yo? YO SOY HOMBRE. SOY LIBRE.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SEGUNDO PREMIO DE PROSA  Santiago Cerezo (2º A de ESO)

 

 

VOLVER A VIVIR

 

    Era otro día más en la vida de Pedro, como otro cualquiera, su madre volvía a tener fuertes moratones debido a las palizas que le propinaba su marido, su hermana volvió borracha a casa y su tío, de nuevo se despertó con otra mujer diferente a la del día anterior, resumiendo, otro día calcado al de ayer.

    Con este panorama, Pedro solo podía encontrarse bien y seguro en la calle, con sus amigos (no mucho más afortunados que él).Todos ellos vivían en los alrededores de Madrid, en los barrios bajos y pobres, donde la delincuencia no era muy extraña.

    Una noche,, mientras la pandilla paseaba por sus calles, observaron como varios de los llamados "latin kings", golpeaban a un joven ya medio muerto.  Estos no dudaron ni un segundo en ir a su auxilio, golpearon con fuerza a los agresores, los cuales, al verse superados en número, huyeron como alma que lleva el diablo.

    Tras esperar varios minutos socorriendo al joven, este recuperó la consciencia y tras comprobar que el chico estaba en buenas condiciones, dentro de lo que cabía, descartaron la idea de llamar a los servicios sanitarios.

    Al día siguiente de su hazaña, Pedro bajó de su casa a gritos con su padre, ya que este no creía el relato de su hijo y pensaba que el chico andaba con ciertas drogas que le aturdían la mente.

    Pedro tras "huir" de la discusión y volver a faltar a clase (cosa típica en él), se reunió con sus amigos en un banco no muy lejano de su hogar.  Estaban todos, pero esta vez había unos cinco chicos más, con cabezas rapadas, ropa negra y ajustada.  Tras acercarse más y saludar, su amigo "el Trapi" le explicó quienes eran aquellos jóvenes no mucho mayores que él.  Por lo visto, eran amigos del chico al que rescataron la noche anterior, y a parte de darles las gracias a todos ellos, les explicaron la rivalidad que tenían con esos pandilleros, ya que parecía ser que ellos eran nazis y no les gustaban nada que personas como aquellas estuvieran atemorizando lo que para ellos era su territorio blanco.

    Pasaron semanas y semanas, y cada vez, los amigos de Pedro (con este incluido), fueron familiarizándose más con ese tipo de "forma de vida".Todos, se raparon el pelo, compraron todo tipo de armas blancas, puños de hierro, etc.  En definitiva, Pedro y sus amigos se hablan convertido en unos "skins".

    Ahora, el que atemorizaba en casa, era Pedro y no su padre, quien fue directo a la cárcel por malos tratos.

    La gente del barrio, echaba en falta a aquellos amigos a los que vieron crecer, jugar y reír.  Ellos ya no eran ni mucho menos así, gritaban, se emborrachaban y robaban.

    Una noche de verano, en Madrid, varios nazis, incluidos Pedro y sus amigos de siempre, se enfrentaron a una banda latina.  Ese reto, nunca lo habla hecho Pedro, y el miedo le provocó un fuerte dolor de estómago , al que acompañó un vómito, que le ayudó, al menos durante unos minutos, a olvidar lo que iba pasar en breves instantes.  Cuando el chico se reincorporó la reyerta había comenzado; sangre, gritos.... fue lo primero que sus sentidos captaron y vieron.

    De repente un gran golpe sacudió la espalda de Pedro, quien cayó fulminado al duro suelo.  No dudó en levantarse, ya que sabia que su vida estaba en juego.

    Una gran fuerza invadió todo su cuerpo y lo primero que notó fue un dolor en sus nudillos al golpear lo que parecía un rostro malherido.  Golpeó y golpeó, mientras varios de los suyos reían o caían invadidos de lo que parecía una locura sin limite...

    Cuando Pedro abrió los ojos, no sabía cuanto tiempo habría pasado, pero si sabia, que se encontraba mal, con varios huesos rotos y atemorizado al contemplar que una persona de raza negra, estaba delante suyo.

    Pedro pensaba que su vida se acabarla en ese instante, que aquel individuo sacaría un arma y acabaría con él con una puñalada limpia y certera.  Pero, para su asombro , el hombre le cogió en hombros y le llevó a un lugar donde Pedro nunca había estado.

    Estaba en casa del desconocido quien preparaba alegremente algo parecido a una sopa.  No recordaba que nadie le curara, pero estaba vendado y con ropa limpia, por lo que intuyó que, en algún momento, habla perdido el conocimiento.  Preguntó que había pasado y el hombre, tras presentarse, le dijo con todo detalle lo ocurrido.

    Tras un par de días, Pedro se marchó de aquella casa.  Sabía que a partir de ese día, dejaría de ser un "skin", pero tenía miedo de lo que pudieran decir sus amigos, que le pudiesen marginar o rechazar.  Fue por eso por lo que decidió primero ir a su casa.

    Tras pasar la puerta, su madre le dio un tortazo y a continuación un gran y duradero beso.  Estaba muy preocupada, y tras conversar gran tiempo con su hijo, esta le dijo la fatídica noticia de que uno de sus amigos, habla muerto en la pelea, cuando perseguía a los latinos. Tras lágrimas y lamentos, Pedro decidió ir con firmeza donde suponía que se encontraban sus amigos. Y en efecto, ahí estaban.  Sintió un gran alivio cuando observó que solo estaban los amigos del barrio y no los demás de las afueras.

    Tras comentar todo lo ocurrido sobre la pelea, la muerte de su amigo y la historia con el hombre negro, Pedro les dijo: "basta, no quiero seguir siendo un skin,,no merece la pena pensar así".Y esperó con nerviosismo la reacción de sus amigos.  Pero su sorpresa fue mayúscula cuando, a continuación,, sus compañeros le dieron la razón y se unieron a él...

    Los días ya no eran iguales para Pedro, su madre sonreía, su hermana, tras ir a un centro de desintoxicación, no volvió a beber y su tío logró casarse con una de las mujeres que llevaba a casa.

El barrio empezó a ser algo más seguro, y los vecinos sonreían al observar que Pedro y sus amigos, volvían a ser aquellos jóvenes que reían, jugaban y charlaban apaciblemente.

    Volvían a vivir.